Una editorial no es una biblioteca personal
Por Soledad Franco
La editorial de la Municipalidad de La Plata funciona en el segundo piso de el Pasaje Dardo Rocha. Ahí, doblando a la derecha en el área identificada bajo el amplio rótulo de Cultura, debe buscarse al fondo del pasillo la oficina nº 236.
“Cuando abrí la puerta había nada más que un escritorio y un teléfono”, comentó su director, el escritor Gabriel Báñez; “estamos hablando del año 2000”; el nombre –La Comuna - lo había imaginado él, tal vez sin ser por completo consciente de que llevaba en germen los contornos de una política editorial hoy bien definida: comuna se llama a la forma de autoorganización de los habitantes de una ciudad, viene de común, que significa que no es privativo de uno; y se emparenta con comunal, relativo a una propiedad que es poseída por todos los integrantes de un municipio; comuna tiene que ver un poco con comunero, término que se refiere a los alzamientos populares del SXVIII contra la corona o contra los que tenían coronita.
La política editorial no se había definido del todo porque no se podía cerrar sin ver con qué se contaba y, por desgracia o por suerte, se contaba con una oficina, un teléfono y una función que había sido estipulada en el decreto de creación de la entidad: fomentar, difundir y promover la producción cultural de la localidad. El presupuesto era menor que el deseado.
Desgracia o suerte. Una oficina y un teléfono pueden ser determinación o excusa, pero también libertad de acción porque entre las instuciones y sus normas y las personas que trabajan en ellas hay un ida y vuelta constante; las personas también instituyen a través de sus prácticas una normativa. La Comuna instituyó entonces su modo de operar.
“Yo había trabajado en varias editoriales, pero siempre como asesor, no como director y me di cuenta de que tenía que proceder de una forma diametralmente opuesta a la que había podido observar. Lo primero que busca una editorial es tener la mayor cantidad posible de autores conocidos en su nómina de títulos, yo decidí darle una oportunidad a aquellos que todavía no habían podido editar”.
Por la fecha en que La Comuna abría sus puertas se había realizado un concurso de poesía en la Biblioteca López Merino; el primer libro publicado reunió los textos que habían resultado finalistas y agregó algunos otros; más tarde Báñez decidió reeemplazar el término “concurso”, abierta competencia, por el de “convocatoria”, llamado o citación a varias personas, porque tenía más que ver con el proyecto que se había esrtucturado funcionando con la gente “común”.
El libro se agotó enseguida porque era bueno. El juicio está lejos de ser demagógico, se puede verificar consultándolo en cualquier biblioteca de esta ciudad o de Buenos Aires; muchos de los autores que se iniciaron con esa antología hoy escriben para editoriales de renombre cuya única condición es que hayas publicado para publicarte, que tengas trabajo para darte trabajo o que seas conocido para darte a conocer. La otra política.
A la convocatoria de poesía siguió la de teatro y después la de narrativa y cada vez fue mayor la cantidad de originales presentados y, por eso, se mejoró la calidad de los libros publicados. Al mismo tiempo se corrió el rumor de que la editorial del municipio ofrecía este espacio y fueron llegando borradores y proyectos por fuera de las convocatorias.
“Hay que aguzar el oído. Yo creo que lo que tiene que hacer cualquier funcionario, incluso más allá de tener buenas ideas, es saber escuchar, ver qué es lo que la gente propone, hay muy buenas ideas. Cuando todavía el primer volúmen de cuentos estaba en imprenta me acercaron un proyecto que se proponía investigar el desarrollo del tango en La Plata y me gustó, me interesó; así salió el cuarto libro; un tiempo después -y para esto ya habíamos editado Chicos (cuentos infantiles), Narrativa II y la novela La mitad del cielo de Azucena Salspeter- se me ocurrió hacer lo mismo con el rock ¿por qué no? Si había oído que el rock local gozaba de una estupenda reputación, aunque yo no sé nada de música”; miente Báñez.
Hasta el día de hoy muchos otros textos han sido publicados. La editorial sigue trabajando siempre por convocatorias y todo lo que las personas hacen llegar se lee y se tiene en cuenta porque “hay que respetar el trabajo”. Con bastante frecuencia se reciben llamados de otros municipios del país pidiendo información sobre el modo de funcionamiento de La Comuna, para hacer algo parecido. En México ya hay una editorial que se creó imitando esta metodología.
“No todo lo que se publica acá es literario, hay libros sobre la formación de las organizaciones barriales en La Plata, sobre los derechos humanos, las murgas, los muñecos que suelen quemarse en esta ciudad para fin de año, la investigación dentro del periodismo.....”
Pero ¿por qué si sos escritor ustedes no publican sólo literatura?
“Una editorial no es una biblioteca personal”, dice Bañez.
*Para obtener otros datos e información sobre la conformación legal de La Comuna Ediciones cliquear en “Bienvenidos”